domingo, 29 de noviembre de 2015

domingo, 22 de noviembre de 2015

En la fiesta de Cristo Rey del Universo

La respuesta al sueño de Dios en nosotros es también un al protagonista del universo y de la historia. Es la aceptación plena de su salvación y por supuesto de su reinado. Cuando decimos , YO QUIERO SEGUIRTE, le  estamos dando una aceptación confiada, que proclama lo que realmente Él ya es, EL REY DEL UNIVERSO. Y entonces estamos en sintonía con su forma de reinar, desde el servicio, la entrega, el amor, la paz y la justicia. Todo esto resumido en su cruz,  la única forma de vencer la muerte y nuestro propio pecado y el de toda la humanidad. Desde ahí, la vocación se convierte en una de las más bellas formas de vida contra el pecado y la muerte. 

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Todas las vocaciones de Teresa de Lisieux

Ser tu esposa, Jesús, ser carmelita, ser por mi unión contigo madre de almas, debería bastarme... Pero no es así... Ciertamente, estos tres privilegios son la esencia de mi vocación: carmelita, esposa y madre.

Sin embargo, siento en mi interior otras vocaciones: siento la vocación de guerrero, de sacerdote, de apóstol, de doctor, de mártir. En una palabra, siento la necesidad, el deseo de realizar por ti, Jesús, las más heroicas hazañas... Siento en mi alma el valor de un cruzado, de un zuavo pontificio. Quisiera morir por la defensa de la Iglesia en un campo de batalla...

Siento en mí la vocación de sacerdote. ¡Con qué amor, Jesús, te llevaría en mis manos cuando, al conjuro de mi voz, bajaras del cielo...! ¡Con qué amor te entregaría a las almas...! Pero, ¡ay!, aun deseando ser sacerdote, admiro y envidio la humildad de san Francisco de Asís y siento en mí la vocación de imitarle renunciado a la sublime dignidad del sacerdocio.

¡Oh, Jesús, amor mío, mi vida...!, ¿cómo hermanar estos contrastes? ¿Cómo convertir en realidad los deseos de mi pobrecita alma? Sí, a pesar de mi pequeñez, quisiera iluminar a las almas como los profetas y como los doctores.

Tengo vocación de apóstol... Quisiera recorrer la tierra, predicar tu nombre y plantar tu cruz gloriosa en suelo infiel. Pero Amado mío, una sola misión no sería suficiente para mí. Quisiera anunciar el Evangelio al mismo tiempo en las cinco partes del mundo, y hasta en las islas más remotas... Quisiera se misionero no sólo durante algunos años, sino haberlo sido desde la creación del mundo y seguirlo siendo hasta la consumación de los siglos...
... La respuesta estaba clara, pero no colmaba mis deseos ni me daba la paz...

Al igual que Magdalena, inclinándose sin cesar sobre la tumba vacía, acabó por encontrar lo que buscaba, así también yo, abajándome hasta las profundidades de mi nada, subí tan alto que logré alcanzar mi intento...

Seguí leyendo, sin desanimarme, y esta frase me reconfortó: «Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino inigualable». Y el apóstol va explicando cómo los mejores carismas nada son sin el amor... Y que la caridad es ese camino inigualable que conduce a Dios con total seguridad.

Podía, por fin, descansar... Al mirar el cuerpo místico de la Iglesia, yo no me había reconocido en ninguno de los miembros descritos por san Pablo; o, mejor dicho, quería reconocerme en todos ellos...

La caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo, compuesto de diferentes miembros, no podía faltarle el más necesario, el más noble de todos ellos. Comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que ese corazón estaba ardiendo de amor.

Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre...

Comprendí que el amor encerraba en sí todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y lugares... En una palabra, ¡que el amor es eterno...!

Entonces, al borde de mi alegría delirante, exclamé: ¡Jesús, amor mío..., al fin he encontrado mi vocación! ¡Mi vocación es el amor...!


Sí, he encontrado mi puesto en la Iglesia, y ese puesto, Dios mío, eres tú quien me lo ha dado... En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor... Así lo seré todo... ¡¡¡Así mi sueño se verá hecho realidad...!!!

viernes, 13 de noviembre de 2015

Cuando el toca nuestra vida



Cuando palpas que Jesús ha  tocado tu  total existencia, entonces sientes  la necesidad de relativizar todo, incluso lo más querido, pues Alguien ha llenado todo tu ser, hasta los más hondos vacíos que puedan existir en tu interior. Y a partir de ahora empieza una nueva aventura que ha cambiado totalmente tu vida. Todo, incluso los momentos más oscuros adquieren una luz diferente, que da certeza y deseos de entregar la vida por los demás. Sientes que las tristezas y angustias de la humanidad, así como los gozos y esperanzas son también tuyos. Esto se llama VOCACION RELIGIOSA, pues es precisamente Él, el que está tocando tu interior y te está haciendo parte de su proyecto. 

martes, 10 de noviembre de 2015

LA VOCACION




La respuesta al llamado de Dios, te lanza a aquello que aparentemente parece el vacío, pero que en realidad son los brazos de Aquel que ha estado contigo desde toda la eternidad y se goza en seguir contigo cada minuto de tu existencia, dando señales de su búsqueda, anhelando una respuesta de tu parte, y eso se llama inquietud dentro de ti, la que se sufre y se goza. Se sufre, porque el camino de fe no es fácil, requiere esfuerzo y dejar atrás lo viejo,  y se goza porque la plenitud del ser humano se realiza en sintonía con esa fe, experimentando a cada paso el ser hombres y mujeres nuevos, libres para amar y abiertos a las humanidad. Qué hay dentro de ti? Qué te despierta la necesidad del mundo? Qué resuena en tu interior de ese silbo amoroso del Dios que por medio de su palabra, busca y hiere? 

LA VIDA CONSAGRADA A TRAVES DE LOS TIEMPOS

  La vida consagrada a través de los tiempos Desde el antiguo monacato en el desierto hasta las formas contemporáneas de la vida religiosa, ...