miércoles, 15 de febrero de 2017

FAMILIA VOCACIONADA

LA VOCACION RELIGIOSA NACE EN LA FAMILIA

Muchos son los ejemplos que pudiera brindarles sobre una familia que haya conducido a sus hijos al discernimiento de su verdadera vocación. Entre los más conocidos está la mismísima familia de Nazareth, o pienso también, en la familia de Agustín de Hipona, aunque solo haya influido su madre Santa Mónica. Sin embargo, quisiera ahora presentarle a una santa especial: Santa Teresita del niño Jesús, cuyos padres son santos: Luis Martin y Acelia María Guerin.
 Teresa era la última de cinco hermanas había tenido dos hermanos más, pero ambos habían fallecido. Tuvo una infancia muy feliz. Sentía gran admiración por sus padres: «No podría explicar lo mucho que amaba a papá, decía Teresa, todo en él me suscitaba admiración».

Cuando sólo tenía cinco años, su madre murió, y se truncó bruscamente su felicidad de la infancia. Desde entonces, pesaría sobre ella una continua sombra de tristeza, a pesar de que la vida familiar siguió transcurriendo con mucho amor. Es educada por sus hermanas, especialmente por la segunda; y por su gran padre, quien supo inculcar una ternura materna y paterna a la vez.
Con él aprendió a amar la naturaleza, a rezar y a amar y socorrer a los pobres. Cuando tenía nueve años, su hermana, que era para ella «su segunda mamá», entró como carmelita en el monasterio de la ciudad. Nuevamente Teresa sufrió mucho, pero, en su sufrimiento, adquirió la certeza de que ella también estaba llamada al Carmelo.

Entró al Carmelo y luego de una grave enfermedad murió a los 23 años. Una joven que mantenía correspondencia con misioneros y se encargaba de orar por ellos, y por tal razón es junto a San Francisco Javier, la patrona de las misiones. Un verdadero ejemplo, que los padres influyen tanto en la vida de los jóvenes, y más aún en la vida cristiana.

jueves, 2 de febrero de 2017

Oración por la vida consagrada

VEN ESPIRITU CREADOR 

¡Ven, Espíritu Creador, con tu multiforme gracia ilumina, vivifica y santifica a tu Iglesia!


Unida en alabanza te da gracias
por el don de la Vida Consagrada, otorgado y confirmado
en la novedad de los carismas a lo largo de los siglos.
Guiados por tu luz y 

arraigados en el bautismo,
hombres y mujeres, atentos a tus signos en la historia,
han enriquecido la Iglesia,
viviendo el Evangelio mediante el seguimiento de Cristo
casto y pobre, obediente, orante y misionero.

¡Ven Espíritu Santo, amor eterno del Padre y del Hijo!

Te pedimos que renueves
la fidelidad de los consagrados.
Vivan la primacía de Dios en las vicisitudes humanas,
la comunión y el servicio entre las gentes,
la santidad en el espíritu de las bienaventuranzas.

¡Ven, Espíritu Paráclito, fortaleza y consolación de tu pueblo!

Infunde en ellos la bienaventuranza de los pobres
para que caminen por la vía del Reino.
Dales un corazón capaz de consolar
para secar las lágrimas de los últimos.
Enséñales la fuerza de la mansedumbre
para que resplandezca en ellos el Señorío de Cristo.
Enciende en ellos la profecía evangélica
para abrir sendas de solidaridad
y saciar la sed de justicia.
Derrama en sus corazones tu misericordia
para que sean ministros de perdón y de ternura.
Revístelos de tu paz
para que puedan narrar, en las encrucijadas del mundo,
la bienaventuranza de los hijos de Dios.
Fortalece sus corazones en las adversidades
y en las tribulaciones,
se alegren en la esperanza del Reino futuro.
Asocia a la victoria del Cordero a los que por Cristo
y por el Evangelio están marcados con el sello del martirio.

Que la Iglesia, en estos hijos e hijas suyos,
pueda reconocer la pureza del Evangelio
y el gozo del anuncio que salva.

Que María, Virgen hecha Iglesia,
la primera discípula y misionera
nos acompañe en este camino.

Amén.

(papa Francisco) 

LA VIDA CONSAGRADA A TRAVES DE LOS TIEMPOS

  La vida consagrada a través de los tiempos Desde el antiguo monacato en el desierto hasta las formas contemporáneas de la vida religiosa, ...