sábado, 1 de febrero de 2020

La Vida consagrada

Resultado de imagen para el papa francisco a los consagrados" La vida consagrada es un regalo de Dios, “no hemos merecido la vida religiosa, es un don de amor que hemos recibido”, e invitó a ver en ella un “tesoro que vale más que todas las riquezas del mundo”.
 Al igual que Simeón, también los consagrados “sois hombres y mujeres sencillos que habéis visto el tesoro que vale más que todas las riquezas del mundo”.
“Por eso habéis dejado cosas preciosas, como los bienes, como formar una familia. ¿Por qué lo habéis hecho? Porque os habéis enamorado de Jesús, habéis visto todo en Él y, cautivados por su mirada, habéis dejado lo demás. La vida consagrada es esta visión. Es ver lo que es importante en la vida”.
La vida consagrada “es acoger el don del Señor con los brazos abiertos, como hizo Simeón. Eso es lo que ven los ojos de los consagrados: la gracia de Dios que se derrama en sus manos. El consagrado es aquel que cada día se mira y dice: ‘Todo es don, todo es gracia’. Queridos hermanos y hermanas: No hemos merecido la vida religiosa, es un don de amor que hemos recibido”.
Hay que “saber ver la gracia” recibida en la vocación. “Mirar hacia atrás, releer la propia historia y ver el don fiel de Dios: no sólo en los grandes momentos de la vida, sino también en las fragilidades, en las debilidades, en las miserias”.
Porque “Dios siempre nos ama y se nos da, incluso en nuestras miserias”. “Cuando tenemos la mirada fija en Él, nos abrimos al perdón que nos renueva y somos confirmados por su fidelidad”.
De esa manera, “quien sabe ver ante todo la gracia de Dios descubre el antídoto contra la desconfianza y la mirada mundana”.
En ese sentido, “sobre la vida religiosa se cierne esta tentación: tener una mirada mundana”.
La mirada mundana “es la mirada que no ve más la gracia de Dios como protagonista de la vida y va en busca de cualquier sucedáneo: un poco de éxito, un consuelo afectivo, hacer finalmente lo que quiero. Pero la vida consagrada, cuando no gira más en torno a la gracia de Dios, se repliega en el yo. Pierde impulso, se acomoda, se estanca”.
La imagen puede contener: 16 personas, incluidos Rosa Elena Pérez, Carmelitas San Juan de la Cruz y SisterIvana A. Menchaca, personas sonriendo
“No se ve más al Señor en cada cosa, sino sólo al mundo con sus dinámicas, y el corazón se entumece. Así uno se vuelve rutinario y pragmático, mientras dentro aumentan la tristeza y la desconfianza, que acaban en resignación. Esto es a lo que lleva la mirada mundana”.
Por el contrario, “quien tiene la mirada en Jesús aprende a vivir para servir”. “No espera que comiencen los demás, sino que sale a buscar al prójimo, como Simeón que buscaba a Jesús en el templo”.
“En la vida consagrada”, “¿dónde se encuentra al prójimo? En primer lugar, en la propia comunidad. Hay que pedir la gracia de saber buscar a Jesús en los hermanos y en las hermanas que hemos recibido. Es allí donde se comienza a poner en práctica la caridad: en el lugar donde vives, acogiendo a los hermanos y hermanas con sus propias pobrezas, como Simeón acogió a Jesús sencillo y pobre”.
Los religiosos y las religiosas, hombres y mujeres que viven para imitar a Jesús, están llamados a introducir en el mundo su misma mirada, la mirada de la compasión, la mirada que va en busca de los alejados; que no condena, sino que anima, libera, consuela. La mirada de la compasión”.

(PAPA FRANCISCO)

martes, 24 de diciembre de 2019

FELIZ NAVIDAD

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En el silencio de Belén
Me dirijo a ustedes
María y José
Y les pregunto cómo están?
Que canción hay en sus corazones
De qué color es su esperanza?

Como imaginan ustedes el amanecer
Cuando después de unas horas
Escucharemos ya el llanto de un niño
Entre ustedes dos?
Lo que la mente no alcanza a comprender
Que es Dios y hombre también.

Pero el viene, y ustedes ya sienten el latir de su corazón
Y sus movimientos.

Quiero escuchar el amor que los envuelve
y supera toda dificultad
Quiero tocar la fe que los inunda
Para creer que es cierto, Dios cumple sus promesas
Y de que manera!

Quiero ser parte ya, del primer dialogo
Que tendrán el niño que está a punto de nacer
con ustedes!

Tal vez su llanto y su sonrisa
Hablaran de su amor infinito a la humanidad
Tal vez su sencillez y su abajamiento
Será lo quw enternezca y acabe de cambiar nuestro corazón

Ustedes me contagian ya de esa alegría tan única
Con sabor a regocijo
Es como si toda tristeza y oscuridad se hubiera ya desvanecido
Como si no existiera otra verdad, ni otra noticia
Mas grande en que regocijarse
y de hecho, me doy cuenta que asi es. 

Es como si tocara lo último y ya nada mas puedo esperar
Es como si mi corazón alcanzara la meta de su plenitud

Aquí estoy María y José
Esperando con ustedes el gran milagro de Belén.



viernes, 12 de julio de 2019




Señora del Monte Carmelo



Señora del Monte Carmelo

que escuchaste la Palabra de Dios
la guardaste en el corazón
y la hiciste vida

Enseñanos a ser mujeres y hombres contemplativos
de este siglo, que transmitan el sabor a Dios
desde el silencio y la paz
en el ruido, los nervios y las preocupaciones de nuestro mundo
que nos dejemos interpelar por el mensaje de Dios
capaz de transformar nuestras vidas
desde el silencio del corazón,
purificando en lo profundo de nosotros
lo que impide ser resplandor del amor de Dios

Tu eres la madre, la amiga y la compañera de camino
cuyo único deseo es reproducir en nosotros
los razgos espirituales de tu Hijo

Permítenos madre, saborear la elocuencia
de tu silencio interior
y junto contigo, aprender a orar
dejando que nuestra mirada
se convierta en la mirada de Dios
para ver el mundo con ojos de misericordia y compasión
y para ser capaces de influir en la construcción
del Reino de Dios en favor de los más pobres y necesitados. 

Que nuestra vida sea un continuo subir a tu montaña del carmelo
en un ascender más y más a la santidad
para que ya desde ahora, podamos ser testigos
de lo que Dios es capaz de hacer con nosotros y con los demás, como lo hizo contigo

Haz que nuestras familias sean espacio armónico
en donde se saboree la ciencia de Dios
en donde nuestro ser y hacer de cada día
muestre el gozo de ser hombres y mujeres de fe
que den al mundo esperanza
y que con sus actitudes irradien amor. 

Que el escapulario que portamos
nos recuerde que estamos invitados
a parecernos a ti, para ser un día semejantes a tu Hijo
en la práctica de las virtudes
así seremos los contemplativos que el mundo de hoy necesita, en donde se saboree a Dios

Nuestra Señora del Monte Carmelo
Ruega por nosotros.

 CMST

jueves, 6 de diciembre de 2018

ADVIENTO Y VOCACION

Comien­za el tiem­po de Ad­vien­to. No os sor­pren­da que le dé el ca­li­fi­ca­ti­vo que apa­re­ce en el tí­tu­lo de esta car­ta, por­que la re­fe­ren­cia al “Año pas­to­ral dio­ce­sano vo­ca­cio­nal”, ob­je­ti­vo del pre­sen­te cur­so, no está al mar­gen del re­cuer­do y de la ce­le­bra­ción del mis­te­rio de Cris­to que nos pro­po­ne y fa­ci­li­ta la li­tur­gia de la Igle­sia. ¿No es el Ad­vien­to el “tiem­po de la es­pe­ran­za”? Esto lo sa­ben muy bien to­dos los cris­tia­nos que par­ti­ci­pan, al me­nos cada do­min­go, en el iti­ne­ra­rio es­pi­ri­tual que nos per­mi­te pro­gre­sar  en la vida cris­tia­na.

El Ad­vien­to po­see una muy efi­caz pe­da­go­gía ca­te­qué­ti­ca y exis­ten­cial, en lí­nea con una di­men­sión que los que co­no­cen bien su sig­ni­fi­ca­do de­no­mi­nan “mis­té­ri­ca”, por­que in­tro­du­ce en el “mis­te­rio de Je­su­cris­to” de una ma­ne­ra vi­tal y exis­ten­cial a los que pro­cu­ran ce­le­brar el año li­túr­gi­co cons­cien­te­men­te y en pro­fun­di­dad. Es, ade­más, un tiem­po muy pe­da­gó­gi­co por­que nos si­túa en la ex­pec­ta­ti­va de la ce­le­bra­ción de la Na­vi­dad con to­das sus con­no­ta­cio­nes fes­ti­vas y ale­gres. Lo más pro­ve­cho­so del Ad­vien­to lo per­ci­bi­mos en la me­di­da en que nos de­ja­mos con­du­cir por su mis­ma di­ná­mi­ca re­for­zan­do las di­men­sio­nes que es pre­ci­so te­ner pre­sen­tes en este tiem­po li­túr­gi­co.
Esto es así en toda vo­ca­ción cris­tia­na, tan­to en la vo­ca­ción ge­ne­ral a vi­vir como hi­jos de Dios, re­di­mi­dos y ama­dos por Él, como en las vo­ca­cio­nes es­pe­cí­fi­cas que han na­ci­do y se desa­rro­llan en la vida de la Igle­sia: la vo­ca­ción sa­cer­do­tal, la vo­ca­ción a la vida con­sa­gra­da y la vo­ca­ción al lai­ca­do y al apos­to­la­do se­glar. No hay que ol­vi­dar que en Ad­vien­to se nos pro­po­nen al­gu­nas fi­gu­ras de ex­tra­or­di­na­rio va­lor para  nues­tra vida cris­tia­na: el pro­fe­ta Isaías, Juan El Bau­tis­ta y, muy es­pe­cial­men­te, la Vir­gen Ma­ría. Tres mo­de­los que lle­nan de con­te­ni­do este tiem­po pre­vio a la Na­vi­dad y que cons­ti­tu­yen una re­fe­ren­cia es­pi­ri­tual in­ten­sa para la aco­gi­da del Se­ñor en sus su­ce­si­vas ve­ni­das: la que fue anun­cia­da por los pro­fe­tas en el An­ti­guo Tes­ta­men­to (Isaías es el más sig­ni­fi­ca­ti­vo); la que pre­ce­dió al na­ci­mien­to de Cris­to y a su en­tra­da en la vida pú­bli­ca (el Bau­tis­ta); y la que se pro­du­jo en el acon­te­ci­mien­to o mis­te­rio de la en­car­na­ción (Ma­ría).
Cada una de es­tas “fi­gu­ras” re­pre­sen­ta una vo­ca­ción sin­gu­lar, aun­que en las tres se ad­vier­ten coin­ci­den­cias muy im­por­tan­tes. Pri­me­ra­men­te la lla­ma­da de Dios para una mi­sión sin­gu­lar: la del pro­fe­ta que pre­di­ce el acon­te­ci­mien­to, la del men­sa­je­ro que va de­lan­te y la más her­mo­sa de to­das, la de la Ma­dre que lo da a luz. Y des­pués la gra­cia di­vi­na es­pe­cial que acom­pa­ña a cada vo­ca­ción, pero ac­tuan­do en las tres el mis­mo Es­pí­ri­tu San­to que ilu­mi­na al pro­fe­ta, for­ta­le­ce al tes­ti­go y rea­li­za el mis­te­rio.
Y el Es­pí­ri­tu San­to si­gue ac­tuan­do hoy de la mis­ma ma­ne­ra: lla­man­do, eli­gien­do y acom­pa­ñan­do. Y todo esto en el mar­co del año li­túr­gi­co o, lo que es lo mis­mo, con­ti­nuan­do la his­to­ria de la sal­va­ción. Por eso vi­vir el Ad­vien­to con­sis­te en es­tar aten­tos a la po­si­ble lla­ma­da del Se­ñor como el pro­fe­ta, en es­tar dis­po­ni­bles para pa­sar a la ac­ción como el Bau­tis­ta y en de­cir “sí” como Ma­ría. No lo ol­vi­de­mos: el año li­túr­gi­co es es­truc­tu­ral­men­te un “iti­ne­ra­rio vo­ca­cio­nal”: es la ce­le­bra­ción de la his­to­ria de la lla­ma­da de Dios y de la res­pues­ta de la Igle­sia. 
Vi­vá­mos­lo to­dos así y pro­cu­re­mos dar tes­ti­mo­nio de esta rica ex­pe­rien­cia. Fe­liz y pro­ve­cho­so Ad­vien­to vo­ca­cio­nal para to­dos:
+ Ju­lián Ló­pez,
Obis­po de León

viernes, 19 de octubre de 2018

DOMUND

Oración del domund 2018


Señor, ayúdame a cambiar
para cambiar el mundo.

Necesito renovar el corazón,
la mirada, mis modos de hacer,
para no terminar en un museo.
Y no es solo renovar lo viejo:
es permitir que el Espíritu Santo
cree algo nuevo.

Señor, vacíame de mis esquemas
para hacer sitio a tu Espíritu
y dejar que sea Él
quien haga nuevas todas las cosas.

Él nos envía, nos acompaña, nos inspira;
Él es el autor de la misión,
y no quiero domesticarlo ni enjaularlo.

Haz que no tenga miedo
de la novedad que viene de Ti,
Señor Crucificado y Resucitado.

Que mi misión sea comunicar tu vida,
tu misericordia, tu santidad.
Enséñame a amar como Tú
para cambiar el mundo.
Amén.

martes, 2 de octubre de 2018

Junto a los jóvenes, llevemos el Evangelio a todos


MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES 2018

Junto a los jóvenes, llevemos el Evangelio a todos

 Queridos jóvenes, deseo reflexionar con vosotros sobre la misión que Jesús nos ha confiado. Dirigiéndome a vosotros lo hago también a todos los cristianos que viven en la Iglesia la aventura de su existencia como hijos de Dios. Lo que me impulsa a hablar a todos, dialogando con vosotros, es la certeza de que la fe cristiana permanece siempre joven cuando se abre a la misión que Cristo nos confía. «La misión refuerza la fe», escribía san Juan Pablo II (Carta enc. Redemptoris missio, 2), un Papa que tanto amaba a los jóvenes y que se dedicó mucho a ellos.
El Sínodo que celebraremos en Roma el próximo mes de octubre, mes misionero, nos ofrece la oportunidad de comprender mejor, a la luz de la fe, lo que el Señor Jesús os quiere decir a los jóvenes y, a través de vosotros, a las comunidades cristianas.

La vida es una misión

Cada hombre y mujer es una misión, y esta es la razón por la que se encuentra viviendo en la tierra. Ser atraídos y ser enviados son los dos movimientos que nuestro corazón, sobre todo cuando es joven en edad, siente como fuerzas interiores del amor que prometen un futuro e impulsan hacia adelante nuestra existencia. Nadie mejor que los jóvenes percibe cómo la vida sorprende y atrae. Vivir con alegría la propia responsabilidad ante el mundo es un gran desafío. Conozco bien las luces y sombras del ser joven, y, si pienso en mi juventud y en mi familia, recuerdo lo intensa que era la esperanza en un futuro mejor. El hecho de que estemos en este mundo sin una previa decisión nuestra, nos hace intuir que hay una iniciativa que nos precede y nos llama a la existencia. Cada uno de nosotros está llamado a reflexionar sobre esta realidad: «Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 273).
Os anunciamos a Jesucristo

La Iglesia, anunciando lo que ha recibido gratuitamente (cf. Mt 10,8; Hch 3,6), comparte con vosotros, jóvenes, el camino y la verdad que conducen al sentido de la existencia en esta tierra. Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros, se ofrece a nuestra libertad y la mueve a buscar, descubrir y anunciar este sentido pleno y verdadero. Queridos jóvenes, no tengáis miedo de Cristo y de su Iglesia. En ellos se encuentra el tesoro que llena de alegría la vida. Os lo digo por experiencia: gracias a la fe he encontrado el fundamento de mis anhelos y la fuerza para realizarlos. He visto mucho sufrimiento, mucha pobreza, desfigurar el rostro de tantos hermanos y hermanas. Sin embargo, para quien está con Jesús, el mal es un estímulo para amar cada vez más. Por amor al Evangelio, muchos hombres y mujeres, y muchos jóvenes, se han entregado generosamente a sí mismos, a veces hasta el martirio, al servicio de los hermanos. De la cruz de Jesús aprendemos la lógica divina del ofrecimiento de nosotros mismos (cf. 1 Co 1,17-25), como anuncio del Evangelio para la vida del mundo (cf. Jn 3,16). Estar inflamados por el amor de Cristo consume a quien arde y hace crecer, ilumina y vivifica a quien se ama (cf. 2 Co 5,14). Siguiendo el ejemplo de los santos, que nos descubren los amplios horizontes de Dios, os invito a preguntaros en todo momento: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?».

Transmitir la fe hasta los confines de la tierra

También vosotros, jóvenes, por el Bautismo sois miembros vivos de la Iglesia, y juntos tenemos la misión de llevar a todos el Evangelio. Vosotros estáis abriéndoos a la vida. Crecer en la gracia de la fe, que se nos transmite en los sacramentos de la Iglesia, nos sumerge en una corriente de multitud de generaciones de testigos, donde la sabiduría del que tiene experiencia se convierte en testimonio y aliento para quien se abre al futuro. Y la novedad de los jóvenes se convierte, a su vez, en apoyo y esperanza para quien está cerca de la meta de su camino. En la convivencia entre los hombres de distintas edades, la misión de la Iglesia construye puentes inter-generacionales, en los cuales la fe en Dios y el amor al prójimo constituyen factores de unión profunda.
Esta transmisión de la fe, corazón de la misión de la Iglesia, se realiza por el “contagio” del amor, en el que la alegría y el entusiasmo expresan el descubrimiento del sentido y la plenitud de la vida. La propagación de la fe por atracción exige corazones abiertos, dilatados por el amor. No se puede poner límites al amor: fuerte como la muerte es el amor (cf. Ct 8,6). Y esa expansión crea el encuentro, el testimonio, el anuncio; produce la participación en la caridad con todos los que están alejados de la fe y se muestran ante ella indiferentes, a veces opuestos y contrarios. Ambientes humanos, culturales y religiosos todavía ajenos al Evangelio de Jesús y a la presencia sacramental de la Iglesia representan las extremas periferias, “los confines de la tierra”, hacia donde sus discípulos misioneros son enviados, desde la Pascua de Jesús, con la certeza de tener siempre con ellos a su Señor (cf. Mt 28,20; Hch 1,8). En esto consiste lo que llamamos missio ad gentes. La periferia más desolada de la humanidad necesitada de Cristo es la indiferencia hacia la fe o incluso el odio contra la plenitud divina de la vida. Cualquier pobreza material y espiritual, cualquier discriminación de hermanos y hermanas es siempre consecuencia del rechazo a Dios y a su amor.
Los confines de la tierra, queridos jóvenes, son para vosotros hoy muy relativos y siempre fácilmente “navegables”. El mundo digital, las redes sociales que nos invaden y traspasan, difuminan fronteras, borran límites y distancias, reducen las diferencias. Parece todo al alcance de la mano, todo tan cercano e inmediato. Sin embargo, sin el don comprometido de nuestras vidas, podremos tener miles de contactos pero no estaremos nunca inmersos en una verdadera comunión de vida. La misión hasta los confines de la tierra exige el don de sí en la vocación que nos ha dado quien nos ha puesto en esta tierra (cf. Lc 9,23-25). Me atrevería a decir que, para un joven que quiere seguir a Cristo, lo esencial es la búsqueda y la adhesión a la propia vocación.

Testimoniar el amor

Agradezco a todas las realidades eclesiales que os permiten encontrar personalmente a Cristo vivo en su Iglesia: las parroquias, asociaciones, movimientos, las comunidades religiosas, las distintas expresiones de servicio misionero. Muchos jóvenes encuentran en el voluntariado misionero una forma para servir a los “más pequeños” (cf. Mt 25,40), promoviendo la dignidad humana y testimoniando la alegría de amar y de ser cristianos. Estas experiencias eclesiales hacen que la formación de cada uno no sea solo una preparación para el propio éxito profesional, sino el desarrollo y el cuidado de un don del Señor para servir mejor a los demás. Estas formas loables de servicio misionero temporal son un comienzo fecundo y, en el discernimiento vocacional, pueden ayudaros a decidir el don total de vosotros mismos como misioneros.
Las Obras Misionales Pontificias nacieron de corazones jóvenes, con la finalidad de animar el anuncio del Evangelio a todas las gentes, contribuyendo al crecimiento cultural y humano de tanta gente sedienta de Verdad. La oración y la ayuda material, que generosamente son dadas y distribuidas por las OMP, sirven a la Santa Sede para procurar que quienes las reciben para su propia necesidad puedan, a su vez, ser capaces de dar testimonio en su entorno. Nadie es tan pobre que no pueda dar lo que tiene, y antes incluso lo que es. Me gusta repetir la exhortación que dirigí a los jóvenes chilenos: «Nunca pienses que no tienes nada que aportar o que no le haces falta a nadie: Le haces falta a mucha gente y esto piénsalo. Cada uno de vosotros piénselo en su corazón: Yo le hago falta a mucha gente» (Encuentro con los jóvenes, Santuario de Maipú, 17 de enero de 2018).
Queridos jóvenes: el próximo octubre misionero, en el que se desarrollará el Sínodo que está dedicado a vosotros, será una nueva oportunidad para hacernos discípulos misioneros, cada vez más apasionados por Jesús y su misión, hasta los confines de la tierra. A María, Reina de los Apóstoles, a los santos Francisco Javier y Teresa del Niño Jesús, al beato Pablo Manna, les pido que intercedan por todos nosotros y nos acompañen siempre.
Vaticano, 20 de mayo de 2018, Solemnidad de Pentecostés.

Francisco


viernes, 24 de agosto de 2018

juventud en busqueda


UN MOMENTO DE ORACION JOVEN  EN EL DIA DE SAN BARTOLOME

Evangelio según San Juan 1,45-51.

Felipe encontró a Natanael y le dijo: "Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret".

           A ti, quienes te han hablado de Jesús?

Natanael le preguntó: "¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?". "Ven y verás", le dijo Felipe.

Como Natanael, has permitido que otros te lleven donde está Jesús? O bien te has dejado sorprender por su persona?

Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: "Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez".

            Jesus se expresó  así de Natanael, que crees que Jesús piensa de ti, que diría de ti?

"¿De dónde me conoces?", le preguntó Natanael. Jesús le respondió: "Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera".
Natanael le respondió: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel".

Y ciertamente ese mismo Jesús que vio a Natanael debajo de la higuera, te ve y te ha visto a ti, desde el vientre de tu madre y su mirada ha estado en toda tu vida.


Jesús continuó: "Porque te dije: 'Te vi debajo de la higuera', crees . Verás cosas más grandes todavía".
Y agregó: "Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre."

Lo mismo, tu, cerca de El, siempre serás testigo de grandes cosas, que El hace con tu vida y con la de los demás. De verdad, te sorprenderas y desear á s como Natanael, dejar todo y seguirle.


miércoles, 25 de julio de 2018

Sinodo de la juventud 2018


Queridos jóvenes


Tengo el agrado de anunciarles que en el mes de octubre del 2018 se celebrará el Sínodo de los Obispos sobre el tema «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional». He querido que ustedes ocupen el centro de la atención porque los llevo en el corazón. Precisamente hoy se presenta el Documento Preparatorio, que les ofrezco como una “guía” para este camino.
Me vienen a la memoria las palabras que Dios dirigió a Abrahán: «Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré» (Gen 12,1). Estas palabras están dirigidas hoy también a ustedes: son las palabras de un Padre que los invita a “salir” para lanzarse hacia un futuro no conocido pero prometedor de seguras realizaciones, a cuyo encuentro Él mismo los acompaña.

Los invito a escuchar la voz de Dios que resuena en el corazón de cada uno a través del soplo vital del Espíritu Santo.

Cuando Dios le dice a Abraham «Vete», ¿qué quería decirle? Ciertamente no le pedía huir los suyos o del mundo. Su invitación fue una fuerte provocación para que dejase todo y se encaminase hacia una tierra nueva. Dicha tierra, ¿no es acaso para ustedes aquella sociedad más justa y fraterna que desean profundamente y que quieren construir hasta las periferias del mundo?

Sin embargo, hoy, la expresión «Vete» asume un significado diverso: el de la prevaricación, de la injusticia y de la guerra. Muchos jóvenes entre ustedes están sometidos al chantaje de la violencia y se ven obligados a huir de la tierra natal.

El grito de ellos sube a Dios, como el de Israel esclavo de la opresión del Faraón (cfr. Es 2, 23). Deseo también recordarles las palabras que Jesús dijo un día a los discípulos que le preguntaban: «Rabbí […] ¿dónde vives?». Él les respondió: «Venid y lo veréis» (Jn 1,38).
También a ustedes Jesús dirige su mirada y los invita a ir hacia Él. ¿Han encontrado esta mirada, queridos jóvenes? ¿Han escuchado esta voz? ¿Han sentido este impulso a ponerse en camino? Estoy seguro que, si bien el ruido y el aturdimiento parecen reinar en el mundo, esta llamada continua a resonar en el corazón da cada uno para abrirlo a la alegría plena.

Esto será posible en la medida en que, a través del acompañamiento de guías expertos, sabrán emprender un itinerario de discernimiento para descubrir el proyecto de Dios en la propia vida. Incluso cuando el camino se encuentre marcado por la precariedad y la caída, Dios, que es rico en misericordia, tenderá su mano para levantarlos.

En Cracovia, durante la apertura de la última Jornada Mundial de la Juventud, les pregunté varias veces: «Las cosas, ¿se pueden cambiar?». Y ustedes exclamaron juntos a gran voz «¡sí»”.
Esa es una respuesta que nace de un corazón joven que no soporta la injusticia y no puede doblegarse a la cultura del descarte, ni ceder ante la globalización de la indiferencia.

¡Escuchen ese grito que viene de lo más íntimo! También cuando adviertan, como el profeta Jeremías, la inexperiencia propia de la joven edad, Dios los estimula a ir donde Él los envía: «No les tengas miedo, que contigo estoy para salvarte» (Jer 1,8).

Un mundo mejor se construye también gracias a ustedes, que siempre desean cambiar y ser generosos. No tengan miedo de escuchar al Espíritu que les sugiere opciones audaces, no pierdan tiempo cuando la conciencia les pida arriesgar para seguir al Maestro.

También la Iglesia desea ponerse a la escucha de la voz, de la sensibilidad, de la fe de cada uno; así como también de las dudas y las críticas. Hagan sentir a todos el grito de ustedes, déjenlo resonar en las comunidades y háganlo llegar a los pastores.

San Benito recomendaba a los abades consultar también a los jóvenes antes de cada decisión importante, porque «muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor» (Regla de San Benito III, 3).

Así, también a través del camino de este Sínodo, yo y mis hermanos Obispos queremos contribuir cada vez más a vuestro gozo (cfr. 2 Cor 1,24). Los proteja María de Nazaret, una joven como ustedes a quien Dios ha dirigido su mirada amorosa, para que los tome de la mano y los guíe a la alegría de un ¡heme aquí! pleno y generoso (cfr. Lc 1,38).

Con paternal afecto,

FRANCISCO

domingo, 20 de mayo de 2018

PENTECOSTES

TU RESPUESTA ES TU PENTECOSTES 


Tomarte la vida en serio es un sueno de Dios, un don del Espíritu que te creo no por pura casualidad, sino por una transcendental razón, y es precisamente  la suave brisa, el fuego que arde y quema, el viento que empuja, quien puede dar a tu vida el giro que necesita, la misión por la que estas en este mundo y en este tiempo de la historia.

PENTECOSTES ES LA OPORTUNIDAD DEL DISCERNIMIENTO. QUE QUIERE DIOS DE TI, ESPIRITU SANTO, QUE ESTAS HACIENDO EN MI? QUE ESTAS DESPERTANDO EN MI INTERIOR? A DONDE ME LLEVAS?

SILENCIO..

ORAMOS CON EL  SIGUIENTE TEXTO:


Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (2,1-11):
AL cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados.\

Lo primero y necesario es ponerte en actitud de escucha, de apertura, de búsqueda, de oración y preguntándole a Dios, que quieres de mi. La actitud intensa que desde sus miedos y limitaciones tuvieron los discípulos, junto con María en PENTECOSTES.
María, madre de la Iglesia ven a orar conmigo, y llévame a la seria búsqueda de mi misión.
Meditamos!

Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.

Deja que el Espíritu Santo sea el fuego que arde en ti, que queme tus miedos, comodidades y seguridades y permite que fluya. Esa inquietud interior es el fuego que viene a posarse en ti, dejándote inquieto para responder a una misión.

Meditamos!

Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:
«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

Entonces sentirás que tu corazón se ensancha y ya no podrás quedarte indiferente ante tantas realidades oscuras de nuestro mundo, que te hará capaz de trascender razas y culturas, porque la respuesta vocacional te abre al mundo entero, al universo y te hace descubrir el actuar de Dios en todos los rincones de la tierra.

Meditamos!

viernes, 20 de abril de 2018

Jornada Mundial de oracion por las vocaciones


MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO EN EL DIA MUNDIAL DE ORACION POR LAS VOCACIONES. CELEBRACION DE JESUS COMO EL BUEN PASTOR.

ESCUCHAR, DISCERNIR Y VIVIR, SON TRES ASPECTOS QUE EL MISMO JESUS PRACTICO EN SU MINISTERIO. HOY SE HA CUMPLIDO!!!

Escuchar

Puesto que el llamado de Dios no es tan evidente y vivimos en una sociedad muy ruidosa, si lo queremos escuchar, es necesario prepararnos al silencio y vaciarnos entre otras cosas, de nosotros mismos. 
Eso mismo hizo Jesús.

La llamada del Señor —cabe decir— no es tan evidente como todo aquello que podemos oír, ver o tocar en nuestra experiencia cotidiana. Dios viene de modo silencioso y discreto, sin imponerse a nuestra libertad. Así puede ocurrir que su voz quede silenciada por las numerosas preocupaciones y tensiones que llenan nuestra mente y nuestro corazón.
Es necesario entonces prepararse para escuchar con profundidad su Palabra y la vida, prestar atención a los detalles de nuestra vida diaria, aprender a leer los acontecimientos con los ojos de la fe, y mantenerse abiertos a las sorpresas del Espíritu.
Si permanecemos encerrados en nosotros mismos, en nuestras costumbres y en la apatía de quien desperdicia su vida en el círculo restringido del propio yo, no podremos descubrir la llamada especial y personal que Dios ha pensado para nosotros, perderemos la oportunidad de soñar a lo grande y de convertirnos en protagonistas de la historia única y original que Dios quiere escribir con nosotros.
También Jesús fue llamado y enviado; para ello tuvo que, en silencio, escuchar y leer la Palabra en la sinagoga y así, con la luz y la fuerza del Espíritu Santo, pudo descubrir plenamente su significado, referido a su propia persona y a la historia del pueblo de Israel.
Esta actitud es hoy cada vez más difícil, inmersos como estamos en una sociedad ruidosa, en el delirio de la abundancia de estímulos y de información que llenan nuestras jornadas. Al ruido exterior, que a veces domina nuestras ciudades y nuestros barrios, corresponde a menudo una dispersión y confusión interior, que no nos permite detenernos, saborear el gusto de la contemplación, reflexionar con serenidad sobre los acontecimientos de nuestra vida y llevar a cabo un fecundo discernimiento, confiados en el diligente designio de Dios para nosotros.
Como sabemos, el Reino de Dios llega sin hacer ruido y sin llamar la atención (cf. Lc 17,21), y sólo podemos percibir sus signos cuando, al igual que el profeta Elías, sabemos entrar en las profundidades de nuestro espíritu, dejando que se abra al imperceptible soplo de la brisa divina (cf. 1 R 19,11-13).

Discernir

Como Jesús en la Sinagoga, solo desde el discernimiento, que es un proceso de diálogo con el Señor, donde se escucha la voz del Espíritu, es como podemos descubrir nuestra vocación.


Jesús, leyendo en la sinagoga de Nazaret el pasaje del profeta Isaías, discierne el contenido de la misión para la que fue enviado y lo anuncia a los que esperaban al Mesías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19).
Del mismo modo, cada uno de nosotros puede descubrir su propia vocación sólo mediante el discernimiento espiritual, un «proceso por el cual la persona llega a realizar, en el diálogo con el Señor y escuchando la voz del Espíritu, las elecciones fundamentales, empezando por la del estado de vida» (Sínodo de los Obispos, XV Asamblea General Ordinaria, Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, II, 2).
Descubrimos, en particular, que la vocación cristiana siempre tiene una dimensión profética. Como nos enseña la Escritura, los profetas son enviados al pueblo en situaciones de gran precariedad material y de crisis espiritual y moral, para dirigir palabras de conversión, de esperanza y de consuelo en nombre de Dios. Como un viento que levanta el polvo, el profeta sacude la falsa tranquilidad de la conciencia que ha olvidado la Palabra del Señor, discierne los acontecimientos a la luz de la promesa de Dios y ayuda al pueblo a distinguir las señales de la aurora en las tinieblas de la historia.
También hoy tenemos mucha necesidad del discernimiento y de la profecía; de superar las tentaciones de la ideología y del fatalismo y descubrir, en la relación con el Señor, los lugares, los instrumentos y las situaciones a través de las cuales él nos llama. Todo cristiano debería desarrollar la capacidad de «leer desde dentro» la vida e intuir hacia dónde y qué es lo que el Señor le pide para ser continuador de su misión.

Vivir

Una vez que se discierne el llamado, es necesario hacerlo hoy, es decir no se puede esperar por desidia, ni esperar a ser perfectos, ni quedarnos en nuestros miedos, pues Dios llama desde nuestros límites. HOY SE HA CUMPLIDO!

Por último, Jesús anuncia la novedad del momento presente, que entusiasmará a muchos y endurecerá a otros: el tiempo se ha cumplido y el Mesías anunciado por Isaías es él, ungido para liberar a los prisioneros, devolver la vista a los ciegos y proclamar el amor misericordioso de Dios a toda criatura. Precisamente «hoy —afirma Jesús— se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4,20).
La alegría del Evangelio, que nos abre al encuentro con Dios y con los hermanos, no puede esperar nuestras lentitudes y desidias; no llega a nosotros si permanecemos asomados a la ventana, con la excusa de esperar siempre un tiempo más adecuado; tampoco se realiza en nosotros si no asumimos hoy mismo el riesgo de hacer una elección. ¡La vocación es hoy! ¡La misión cristiana es para el presente! Y cada uno de nosotros está llamado —a la vida laical, en el matrimonio; a la sacerdotal, en el ministerio ordenado, o a la de especial consagración— a convertirse en testigo del Señor, aquí y ahora.
Este «hoy» proclamado por Jesús nos da la seguridad de que Dios, en efecto, sigue «bajando» para salvar a esta humanidad nuestra y hacernos partícipes de su misión. El Señor nos sigue llamando a vivir con él y a seguirlo en una relación de especial cercanía, directamente a su servicio. Y si nos hace entender que nos llama a consagrarnos totalmente a su Reino, no debemos tener miedo. Es hermoso —y es una gracia inmensa— estar consagrados a Dios y al servicio de los hermanos, totalmente y para siempre.
El Señor sigue llamando hoy para que le sigan. No podemos esperar a ser perfectos para responder con nuestro generoso «aquí estoy», ni asustarnos de nuestros límites y de nuestros pecados, sino escuchar su voz con corazón abierto, discernir nuestra misión personal en la Iglesia y en el mundo, y vivirla en el hoy que Dios nos da.
María Santísima, la joven muchacha de periferia que escuchó, acogió y vivió la Palabra de Dios hecha carne, nos proteja y nos acompañe siempre en nuestro camino.